Me duele pensar en la Venezuela de hace
20 años y en la de ahora. La de hace 20 años no la conocí. Solo tengo
historias. Historias de un país libre, seguro. Tengo 14 años, he vivido,
prácticamente, toda mi vida en un solo gobierno. Me cuentan historias de un
país seguro, donde un secuestro era algo que salía en primera pagina de un
periódico; donde en Margarita y en otras regiones del país las personas dormían
con las puertas abiertas. Un país, donde se podía llegar a las 5 de la mañana a
casa, sin el temor de que algo malo sucediera. Para mí, hoy en día eso suena
como una locura. Es triste pensar cómo han cambiado las cosas, no precisamente
para bien. Pero es más triste pensar que ese país que tanto añoramos se convirtió
en una historia. Lo peor no es la situación a la que hemos llegado, sino ver
como muchas personas se han acostumbrado a vivir con miedo. Con miedo a que nos
maten, a que nos secuestren, a que nos roben. Con miedo de decir lo que se
piensa, porque se puede terminar en la cárcel.
Yo, como parte de la llamada “generación de relevo” quiero cambiar a mi país. Quiero tener un
país donde me gustaría que mis hijos y nietos crecieran. Un país donde la tasa
de mortalidad por el hampa deje de incrementar. Un país donde pueda decir lo
que quiera, sin miedo a ser censurada o ir a prisión. Un país donde pueda
llegar a la hora que quiera y no le tenga miedo al motorizado que tengo al
lado.
Para dentro de 20 años, espero que
Venezuela sea un país libre. Una nación que respete los derechos de cada uno de
sus ciudadanos, donde la persona más rica y la de menos recursos tengan las
mismas oportunidades. Pero más que todo, quiero un país donde todos nos
tratemos como hermanos. Donde no importe el partido político y aunque no se comparta
la opinión, se respete. Un país donde las personas mayores no tengan que pasar
trabajo y que puedan vivir el resto de su vida feliz, con una pensión que
alcance. Donde ellos sean reconocidos y respetados. Donde la educación sea un
derecho de todos y las escuelas públicas funcionen perfectamente; que cada
niño, no importa quien sea o de donde venga, pueda estudiar y salir adelante,
donde todos tengan la misma oportunidad de triunfar y de ser alguien en esta
vida. Quiero tener hospitales que
funcionen, donde los médicos y enfermeros sean bien pagados.
En pocas palabras dentro de 20 años, lo
que yo quiero para mi país es
educación pública que funcione. Seguridad. Libertad de expresión.
Hospitales bien equipados, con médicos dispuestos y bien capacitados. Pero, lo
que más quiero es que todos, olvidemos nuestras diferencias, nuestro partido
político, el nivel social y volvamos a querernos y tratarnos como hermanos. Quiero que Venezuela vuelva a ser un país unido.
Por Valentina Carmona
