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martes, 3 de julio de 2012

SOMBRAS TINTADAS

En el momento en el que su cuerpo se sintió entumecido, cambió la posición de sus frágiles piernas y se reacomodó en el suelo. Hacía rato que había perdido la cuenta de cuánto tiempo llevada sentado en el frío suelo de piedra, rogando misericordia. Su piel morena poco cubría sus huesos, dudaba tener músculos lo suficientemente fuertes como para sostener el peso de su miseria y su visión se encontraba nublada. Negro. Nada más veía negro.

Confiaba en que la montura que sostenía su tabique nasal fueran lentes que cubrieran su defecto, el tacto poco le servía para reconocer lo transparente de lo polarizado. Confiaba en que las ropas raídas que traía puestas no delataran en su tinte los días que llevaba sin cambiarlas, su olfato hacía tiempo que se había acostumbrado al olor de azufre y suciedad. Confiaba en que el pedazo de cartón que se encontraba a sus pies tuviese escrito lo que había pedido a aquellos pasos que escuchó la noche anterior, no tenía manera de saber si su suerte no variaba debido a un engaño en tinta de marcador.

Había encomendado su vida a su suerte el día en el que su mundo se oscureció.

Tanteó con cuidado el suelo, buscando la lata de sardinas vacía, esperando encontrar más que un par de monedas. Nada. A pesar de que lo había escuchado, no había querido admitir que ninguna persona había detenido sus pasos para sacar unos billetes de sus bolsillos y dárselos.

Sintió cómo las lágrimas corrían por sus mejillas, y por primera vez desde hacía mucho tiempo, drenó sus emociones con sollozos incontrolados. Mientras más sentimientos afloraban en él, más miserable se sentía y más insignificante e invisible se volvía. Rodeó con sus brazos sus frágiles piernas y se apretó con fuerza contra la pared.

Y lloró. Lloró como nunca lo había hecho, lamentando su suerte y maldiciendo cada parte de su cuerpo que lo mantenía con vida.

-¿Por qué lloras?

Tan sumido se encontraba en su desdicha que no escuchó cómo unos pasos se detenían ante él. La voz que le habló era dulce y melodiosa, como una fresca brisa, y tenía un aire tan infantil e inocente que le fue imposible negarse a contestarle, aunque no sin un poco de amargura y ronquera.

-Porque soy miserable.

El pequeño personaje pareció considerar un rato su tosca respuesta antes de sentarse frente a él, ignorando el hecho de que no era bien recibido. De sus manos provenía un ruido que no supo identificar, seguramente algún juguete, y desprendía un olor a dulces que lo hizo arrugar la nariz.

-¿Por qué ya no pintas?

Su pregunta lo tomó por sorpresa. Desconcertado, se reacomodó en su puesto soltándose las piernas y apartó su vacía e inútil mirada del lugar de donde provenía la voz, tratando de demostrar indiferencia ante la pregunta.

-Porque no veo– soltó con dureza.

Era un hecho: el niño planeaba ahondar de la manera más dura en él. Nunca se había visto a un mudo ser político, ni a un sordo criticar óperas, de la misma manera en la que sólo corrían maratones los que poseían dos piernas. Si no veía los colores, ¿cómo se suponía que podría retomar su vida? Recordar lo que perdió no hacía más que lastimarle el alma, aflorando de nuevo los recién controlados sentimientos.

-Pero todavía tienes manos– susurró el chiquillo con inseguridad.

Le dolió. Cada palabra que pronunciaba el niño calaba en él hasta lo más profundo, instalándose en su pecho y apuñalándole desde adentro. Por supuesto que tengo manos, pensó para sí mismo, pero ellas no verán jamás por mí.

Se abstuvo de contestarle con crueldad. A fin de cuentas, era sólo un niño, y los niños se caracterizaban por su inocencia y curiosidad. En cambio, decidió evadir la afirmación con una pregunta.

-¿Cómo sabes que pint… pintaba?– Un pinchazo le llegó al corregirse y referirse a su pasión en pasado. La voz le salió débil, pero no le importó. Ya muy pocas cosas le importaban de su imagen proyectada.

-¿No te acuerdas de mí?– preguntó el niño con tristeza. El mendigo, en vez de resaltar lo evidente, decidió esperar a que él continuara– Voy todas las mañanas a la plaza a patinar, mientras mi mamá pasea a mi perro. Una vez nos pintaste a los tres.

Y entonces la imagen de un niño pecoso con cabello castaño se dibujó en su mente, detallando cada rasgo y facción habida en él. Recordó a su madre, esbelta y sonriente, con hoyuelos en sus mejillas y una cabellera clara, y al gran canino mestizo que no dejaba de moverse. Irónicamente, había utilizado el mismo color caramelo para rellenar los globos oculares de los tres. Brochazos volvieron a pintarlos, dándoles vida y color, dibujando el recuerdo en un lienzo mental que llevaba varias semanas en blanco. Y no pudo evitar asomar un intento de sonrisa.

-Por supuesto– La voz le salió con un suspiro, no sabiendo si sentirse contento de poder identificar un rostro recreado por él o desdichado al saber que más nunca podría recolectar nuevos rostros como aquellos.

-Íbamos todas las mañanas- repitió, –y nos encantaba verte pintar. Mi madre y yo nos sentábamos en el banco a verte pintar. Pintabas muy lindo.

Eso no lo recordaba.

Se imaginó que si ellos lo veían, seguramente no eran los únicos. Y volvió a sentirse desdichado al saber que alguna vez alguien lo había admirado, ahora lejos de apreciarlo. Nunca había cobrado por ello, y se sentía como un aficionado aprendiendo a recrear historias con cartulinas y óleos de colores nítidos.

-Te extrañamos– murmuró por lo bajo el niño, y el mendigo no pudo reprimir un sollozo.

De todas las palabras que había mencionado el niño, esas dos lo acuchillaron sin piedad, destrozando cada retazo de su alma y haciendo que el aire se trancase en el nudo en su garganta. Lamentaba cada mezquino segundo que pasaba de su nueva y precaria vida, sabiendo que no habría manera de evitar el recordar lo feliz que había sido y lo improbable que era el serlo ahora.

-Yo también me extraño- Y la voz se le quebró.

Escuchó como el niño, después de unos segundos de haberle respondido, se ponía de pie y se alejaba corriendo.

Sintió como su mundo se desplomaba de nuevo sobre él, ejerciendo un peso imposible y creando un ardor psicológico que quemaba hasta la más pequeña sombra de alegría que podría haber existido alguna vez en él. Su cuerpo se acurrucó hecho un ovillo contra la pared, y sollozos afloraron de su pecho de manera ascendente, creando convulsiones en cada una de sus extremidades.

¿Por qué le había pasado esto? ¿Qué había hecho él para merecerlo?

Podría tener hambre, sueño y seguramente la necesidad de un baño, pero nada de eso le importaba. Lo único que le había dolido perder era la capacidad de apreciar los colores y las sombras. Y maldijo cada fibra de su ser por mantenerlo con vida dentro de esa muerte espiritual. Porque sí, aquel día en el que perdió su vista, perdió el sentido de existir.

No supo cuánto tiempo pasó (podían ser minutos, horas, días o semanas), pero en algún momento de su desgracia, escuchó pasos aproximarse a él. Debían de ser al menos tres personas.

-¡Oh, por Dios! ¿Está usted bien?– Una voz de mujer que no identificó. Alguien lo tomó por los brazos y lo obligó a ponerse de pie. No tenía ganas ni motivos para responder una pregunta tan patente.

-¿Ves mamá? –el niño otra vez– Te lo dije. Te dije que era él. –Sonaba inadecuadamente emocionado– Ya vas a ver como vuelve a pintar.

Y con esa simple oración, sus sentidos restantes volvieron a la vida, alertas ante las nuevas palabras de la conversación.

-¿Está usted bien?- Volvió a preguntar la señora.

El mendigo la ignoró olímpicamente y centró su atención en la voz del niño, buscando interpretar su repentina emoción. - ¿Qué dices? – preguntó.

-Te traje unas pinturas. –Lo sintió sonreír a través de las palabras.

Por una clara razón, se sintió nuevamente desalentado. No sabía ni por qué se había ilusionado.

-Gracias, niño, pero no. –Y dicho esto se puso a tantear en el suelo en busca de su lata vacía y su cartón para poder largarse a otro lugar.

-¡Por favor! ¡Inténtalo! – Gritó él chiquillo.

El hombre detuvo sus movimientos y lo consideró. Era literalmente imposible perder algo más en su vida, así que quizás no estaría mal sentir las pinturas nuevamente entre sus manos, quizás para despedirse y reconocer de una vez por todas que su vida sería insoportablemente vacía. Sintió cómo el niño lo tomaba de la mano, sin discriminaciones, y lo guiaba hacia una pared. Con suavidad, lo hizo colocar la mano sobre ella, y el mendigo acarició la superficie, tratando de identificar cada uno de sus defectos e irregularidades.

-Te traje mis pinturas. –Murmuró el niño, tomando de nuevo su mano y llevándola hacia una seria de frasquitos. Lo hizo tomar uno. – Rojo. – Lo hizo tomar otro. – Verde. – Otro. – Amarillo…

Y así continuó señalándoselos hasta que el mendigo obtuvo una sencilla y básica gama de colores. Sumergió sus manos en los colores, tratando de conseguir alguna mínima diferencia entre ellos, todos líquidos y completamente invisibles.

Sus manos nadaron un rato en ellos, mientras oía como la gente llegaba y se reacomodaba a su alrededor. Trató de ignorarlos, concentrándose en recordar la posición de cada uno de los frascos y sus colores correspondientes.

Pero no hizo falta, porque después de unos segundos, los reconoció como aquellos viejos amigos que esperaron pacientemente por él. Sintió la calidez del rojo, el fulgor del amarillo, la sutileza del verde, la frialdad del azul, la profundidad del violeta, el espesor del naranja, la suavidad del rosado… Y después de ese momento de reconocimiento, sus manos se movieron solas, su mente dibujando cada trazo elaborado sobre la rugosa y dura superficie de la pared. Sentía, olía, escuchaba y degustaba cada uno de los colores, mezclándolos con experiencia y utilizándolos con confianza. Eran él y ellos uno solo. Ya nada importaba, no había nadie a su alrededor, solo un escenario vacío, un lienzo cobrando vida y sus emociones y gratitud plasmándose en sus profundos movimientos.

No sabía qué pasaría luego, si la gente se aburriría y se iría, si la lata se llenaría de monedas, si pensarían en su arte como algo abstracto, si le encontrarían sentido alguno, si se metía en problemas por expresarse de tal manera…

Lo único que deseaba era que el niño estuviese a su lado, que continuara allí hasta el final y que entendiera lo agradecido que estaba hacia él. Porque no había sido fácil salir de las sombras y haber vuelto a ver sin abrir los ojos, todo gracias al pequeño que sentía a su lado. Gracias a él ahora podía ver.

Y a partir de ese día no le importaba que pasara, porque de la misma manera en la que la gente veía su arte como algo abstracto, él lo hacía con su futura vida. Ahora sólo importaba el detalle de la imagen que se encontraba recreada en su mente y que sus manos plasmaban con habilidad sobre la pared.

-¡Mamá! –escuchó susurrar al niño- ¡Somos nosotros!

Y después de varias semanas de agonía, una auténtica sonrisa cruzó la cara del mendigo.

Por María Verónica Sarache

lunes, 2 de julio de 2012

Fragmento



...El poder enferma hasta la persona mejor formada, o con las mejores intenciones, que hayamos conocido.

Pienso que el poder es como un animal salvaje esperando a ser domado, pero como todos saben un animal salvaje no se dejara domar tan fácilmente, y en casi todas las peleas esta bestia termina venciendo, atacando por la espalda, envenenando al ser, devorándose su pasado, para dejar a su nueva creación. Entre otras palabras el poder es un veneno que se tiende a apoderar de a poco, es debido a eso que a este mal necesario se le tiene que alimentar con carne nueva, sangre nueva, ideas nuevas, ya que el tiempo terminara enfermándolo a uno, pero de alguna forma siempre se tendrá domada a esta fiera.

Por Kevin Low

Diálogo


 



11 de agosto, 2019.

Y entonces giré en la esquina y pude observar brevemente que Salvador sí había ido a la cita pautada. Estacioné el carro, me bajé y una vez más estuve en casa. La St. Honoré hace tiempo que había cerrado, y en su lugar se encontraba un café donde sólo ofrecían cachitos de queso paisa y con leche grande. Ya Caracas no era la misma; ya la gente no caminaba por las calles, no sonreía, no amaba la ciudad como antes. Eso lo pude observar en el trayecto del aeropuerto hasta Chacao.

El camino del carro hasta la mesa fue increíblemente largo y pesado; los millones de pensamientos en mi cabeza no permitían al tiempo avanzar como de costumbre. “¿Qué le digo?”, “¿Cómo lo saludo?”, “¿Lo saludo?”. Todo se detuvo al momento en que mis ojos tomaron control sobre mi cabeza y se posaron frente aquel muchacho ahora hecho hombre, ahora con un semblante débil, como de rendición. Ya no era imponente como antes, mi hermano. Daba lástima, debo decirlo, porque sus ojos marrones eran la ventana al infierno interno de un hombre atormentado.

-Miguel.

-Epa, Salva.

-Siéntate, anda.

Ahora lucía una sonrisa un poco forzada, mas no hipócrita. Me senté, un poco inseguro, pero lo hice. Ahora sólo veía sillas plásticas a punto de ceder. Llamé a la mesonera más cercana, a la cual ingenuamente le pedí un golfeado. No había. Tras varios intentos de ordenar, comprobé que era cierto eso de que ahora en las panaderías de Venezuela sólo se podía encontrar cachito y café con leche. “Pero sólo hay leche en polvo”. Carajo.

- ¿Cómo va todo?

- Bien. Ya Sofía va a cumplir un año. Las cosas nos están saliendo muy chéveres.

- Ah, qué bueno. ¿Y en qué estás trabajando?

- Bueno, ahorita me contrató un banco local de allá. Por ahora estoy administrando cuentas pequeñas, pero estoy avanzando.

- Mmm, ¿y tu esposa?

- Diane está quedándose en casa, cuidando a Sofía. Estaba viendo clases de español, pero con el embarazo y eso se le hizo difícil.



Un silencio incómodo penetraba mis oídos y no me dejaba pensar. Yo lo había convocado aquí, era mi momento de ser el adulto, de dar la cara, de asumir mi papel de hombre y dejar las cobardías de niño atrás. Por Dios, ya eran 29 años los que cargaba al lomo.



Pasaron algunos minutos de incertidumbre, donde ambos esperábamos ansiosos ver al otro ser el primero en hablar, en tomar las riendas. Suspiré, inhalé muy profundamente, pero no logré abrir mi boca.



- Miguel, ¿para qué me haces venir hasta aquí si lo que estás haciendo es quedarte callado?

Tenía razón.

- Salvador, no es fácil regresar por primera vez y encontrarme contigo. No seas tan severo.

- ¿Disculpa?

- Que no es fácil.

- Ah, con que no es fácil…

- Difícil es llegar un día a tu casa y ver una nota de tu hermano diciendo que se va a “buscar oportunidades” porque en su país no las hay.



El sarcasmo y la risa burlona en su rostro anunciaban que acababa de permitirle soltarse a un hombre que desde hace mucho deseaba desahogarse. Ya no había regreso posible. Ya el hombre tenía rienda suelta. Todo lo que viniese de ese momento en adelante sería memorable, y yo lo sabía.



- Salva, tenía 22 años. Este país se estaba derrumbando y yo no quería ahogarme con él.

- No, muchacho. Tú, sobre todas las personas, has debido quedarte y luchar.

- ¿Cómo me iba a quedar? Cuando perdimos las elecciones ya todos sabíamos que esto era un caso perdido.

- Perdimos únicamente por gente como tú.

- Tú sabes perfectamente las razones por las cuales no voté.

- Pues claro que las sé, pero no las comparto ni las respeto. ¿A quién le importa un trabajo en la gobernación cuando lo que está en juego es el futuro de tu país?

- Ese trabajo era todo lo que yo tenía, era el sustento de mi futuro.

- Todo lo que tú tienes es tu familia, que es muy diferente, y ahora tu familia se está cayendo abajo por un gobierno de mediocridad el cual tú ayudaste a prolongar.

- No puedes echarme toda la culpa de los fracasos de Venezuela a mí.

- No es a ti, es a todos los cobardes que huyen de la responsabilidad de hacer crecer su país al irse a otro lado, donde no hacen sino quejarse de lo horrible que están las cosas por acá, sin hacer nada al respecto.

- Pero es que yo voy a volver Salva, voy a regresar por mi país.

- ¿Vas a volver cuándo? ¿Cuándo todo se arregle? Ya han pasado 6 años desde que te fuiste, Miguel, y jamás has volteado a ver qué está pasando en tu “jardín de atrás”. Ya tú no eres de acá.



De repente llegó la mesonera con nuestras cosas. Rompió un poco la tensión que se había estado formando. Fue el momento perfecto para excusarme un momento para ir al baño a lavarme las manos.



Regresé y Salvador ya no estaba. Tal cual como en las películas, en su lugar se encontraba una nota, la cual sellaría el destino en el que mi hija jamás conocería a su tío.



“Muchacho, perdóname por irme de tal forma tan abrupta, pero yo también tengo derecho a huir. Realmente no puedo mirarte a los ojos sabiendo que defiendes tu partida, y que te sientes cómodo habiendo dejado el destino del país que te vio nacer al libre albedrío. Te fuiste en el momento justo cuando te convertías en parte de la generación de relevo, cuando se suponía que tú, junto a nosotros, ibas a ser determinante. Te fuiste en el momento justo cuando más te necesitábamos. En tu conciencia sabes muy claramente que tu partida tuvo como motivo ser irreversible, o al menos hasta que la situación no estuviese tan jodida. Pero dime, ¿qué derecho tiene la gente como tú de regresar a disfrutar de esto, de lo que hemos construido los que sí amamos a Venezuela? Los que sí nos quedamos sufrimos, y bastante, pero aún continúa la batalla. Lo que pasa es que aquí no queremos soldados vacilantes.”



Así culminaron las últimas palabras que alguna vez me dirigió mi hermano mayor. Y él tenía razón, pero por eso mismo no le iba a dar el gusto de hacerme un exiliado en mi propia cuna. Me quedé y le eché un cerro de ganas.

Por Andrea Black

Fragmento ensayístico



En un país como el nuestro, con una situación tan controversial, es muy difícil no encontrarnos en discusiones por los más diversos aspectos, donde todas ellas están tocadas por el matiz político, pero una discusión no es necesariamente una pelea, hemos perdido el respeto entre nosotros, el respeto a las ideas ajenas, hemos perdido la capacidad de tratar y compartir con personas que discrepan de nuestros planteamientos y creencias, cerramos nuestras mentes y solo recibimos una parte del discurso, damos respuestas obtusas y nos enfrascamos en constantes ofensas que al final no llegan a nada.

Debemos aumentar nuestra capacidad de tolerar las ideas ajenas, de dejar pasar las ofensas y demostrar que somos capaces de entendernos unos a los otros, tener la iniciativa de respetar las ideas sin importarnos de donde provengan estas, aunque claro esto no significa que debemos de estar de acuerdo con ellas.

(…)

Así como señalaba el novelista francés Víctor Hugo “No olvidemos jamás que lo bueno no se alcanza nunca si no por medio de lo mejor”.

Por Miguel Torrellas

Haiku en el suelo




Sobre este suelo,
entre cruz religiosa
y aire espeso.

Negro bombeante,
tirado en tu suelo
híbrido y derretido.

Carece de luz
vagando en nuestro suelo
desconsolado.

Cuando no estás

Te escucho
De la manera más falsa
De la forma más blanda
De la textura más transparente


Te veo
Como la vista más opaca
Como la sangre más espesa
Como la gloria más inútil


Te hablo
Desde el fondo más oscuro
Desde el sentido más amargo
Desde la fuerza más endeble


Te toco
Cual roce más imposible
Cual caricia más insaciada
Cual contacto más insípido

De sueño a pesadilla



 


Abrió la puerta y encontró un cuerpo tendido. El pobre turista quedó en shock, no se le ocurrió más nada que llamar a la policía. Los oficiales no tardaron en llegar, unos de ellos revisaba la escena de tan sangriento y terrible crimen, mientras otros trataban de encontrar las partes que le faltaban al cuerpo. 

Un oficial llamó al turista y le preguntó su nombre, "Louis" respondió. 
Mientras que le pedían la coartada y le tomaban las huellas, llegó un señor, de unos 70 años, calculó Louis, y venía llorando preguntando por Marie ¿Quién es Marie? se pregunto Louis ¿Será aquel cuerpo sin vida que encontró en su habitación? Él señor luchaba con la policía para que lo dejaran entrar, decía que su nombre era André y era un policía retirado, después de pelear un largo rato con los oficiales estos lo dejaron entrar. Las dudas de Louis iban a ser resueltas. André entró y logró reconocer a pesar de lo desfigurado que tenía la cara que aquella joven era Marie. "Mi bebé", gritaba André bañado en lágrimas. "Mi pobre hija ¿Quién le pudo haber hecho esto?". Louis estaba sorprendido, no podía creer que sus vacaciones de ensueño a París, se convertían tan rápido en una pesadilla.
Pasaron los día mientras Louis trataba de olvidar aquel 28 de febrero de 1968, donde su vida, la de André y la de Marie, cambiaron completamente.
Una noche de Julio, Louis estaba en su casa de Nueva York preparando todo para ir a la cama, cuando el teléfono de la casa sonó. Louis, no tardó en responder. "Aló", dijo Louis esperando que alguien desde la otra línea le contestara, pero nadie respondió. "¿Quién es?" preguntó, cuando alguien con un acento parisino le dijo: 
-Espero, que hayas disfrutado tus últimos meses de libertad. 
Trancó el teléfono antes de que Louis pudiera responder. Mientras Louis trataba de descubrir por qué lo habían llamado para decirle eso, tocaron la puerta. Louis se paró para abrir la puerta, caminaba lento dando cortos pasos ya que el temor no lo dejaba caminar normal, escucho un grito, el más atemorizante que podría haber escuchado "Abra, esó el FBI" un nudo en la garganta sintió al abrir la puerta, cuando un oficial le dijo -Louis Frenchlokker, queda arrestado por el homicidio de Marie Bertrand, todo lo que diga podrá ser usado en su contra. Louis tenía millones de preguntas, pero prefirió quedarse callado mientras veía como los demás oficiales revisaban su hogar.
Aquella voz parisina por el teléfono tenía razón, ese fue el último día de libertad de Louis, ahora cumple cadena perpetua y pasa todos los días tratando de descifrar como sus huellas fueron encontradas en el cadáver de Marie.


Por Valentina Carmona

El amor es magia y la magia puede ser una ilusión



Vagas por las noches, por los días.
Caminas, aunque sabes que no llegaras a ninguna parte.
Esperas, por alguien que no sabes si llegara.
No sabes nada, solo confías.

Confías, en algo más grande que tú, que él.
Confías, en ilusiones, en falsas promesas, en historias.
Confías, porque es lo único que te da un tipo de seguridad.
Confías, aunque no sabes si él llegará.
Confías, porque hay un sentimiento más grande que los dos.

Confías, en su promesa de que algún día regresará,
Y todo volverá a ser como era antes.
Aunque, te da miedo que tus esperanzas, 

tus ilusiones y sus promesas te fallen.
Que nunca regrese, y que ese sentimiento que te llena,
esas mariposas, esas cursilerías, desaparezcan junto a él.

Creciendo en Venezuela







Fue un 17 de Noviembre (específicamente del año 1995, en la habitación 606 de la Clínica Nueva Esparta en la Isla de Margarita) en que me convertí en ciudadana del mundo, y, más importante, en venezolana. Pasaron los primeros 10 años de mi vida sin tener mayor relación con mi país que saber identificar la bandera, el escudo y el himno –sólo porque así lo exigían las maestras–, además de saber muy claramente que Venezuela se escribía con ‘V’ mayúscula y que su nombre proviene de ‘pequeña Venecia’.


Crecí, y ahora el himno me producía emoción. Al ver algo relacionado con Venezuela en la televisión o en el cine, sentía escalofríos. La Vinotinto era pasión. No sólo la Isla de Margarita, sino todo el territorio que conformaba al “rinoceronte”, como me gustaba llamarlo, tenía un significado bellísimo que no es posible plasmar en palabras y que sólo se puede comprender si se es venezolano. Y poco a poco fui entendiendo que Venezuela era mucho más que unas líneas en el mapa. Vi que Venezuela era mi país, mi hogar, mi sentido de pertenencia.


Tiempo después comencé a ver mi alrededor como algo más complejo que aquello que me mostraba la televisión, y eventualmente comprendí que habían muchas cosas que no estaban bien. ¿Por qué, por ejemplo, las personas pueden vivir su vida con la mayor paz sabiendo que hay niños que tienen los medios suficientes como para costearse una comida al día? ¿Cómo se puede hablar de inversiones millonarias en deportistas individuales mientras hay tanta gente que no recibe educación por falta de medios? ¿Por qué cada día las casas instalan una cerradura nueva o una reja más?


Este lugar tan hermoso, de playas, montañas, caídas de agua y nieve, merece mucho más de lo que tiene.


Emprendí mi viaje como amante devota de mi país, de la nación que fue mi cuna. Aprendí de su historia, siempre teniendo los pies muy firmes en el presente, pero jamás dejando a un lado el hecho de que el futuro de Venezuela depende de las acciones que yo emprenda hoy, tanto las mías como de los otros miles de jóvenes que aquí viven.


Es así como llegamos al día de hoy, a la realidad de una niña de 16 años que sólo conoce una faceta de Venezuela, y sea por la razón que sea, considera que en esta nación hay una lista extensa de cosas por cambiar. Pero, como todo problema realmente complejo, aquí ocurre un círculo vicioso de fallas que desencadenan en otras fallas, que a su vez son causantes de más fallas; tal cadena es extremadamente compleja de romper. Con sacar un eslabón (por ejemplo, la inflación) se debilitarían los demás y tal vez fuese más sencillo de mejorar la situación general de Venezuela. Sin embargo, los lazos entre un problema y otro son tan fuertes, que es muy difícil eliminar alguno como si fuese un elemento totalmente aislado del resto (la inflación depende de las subidas y bajadas de los precios del petróleo, del costo de los impuestos de importación, de la devaluación de la moneda, entre otros).


(...)


No considero que el socialismo sea una forma de gobierno errada, pues países como Suiza la practican de una forma democrática, justa y efectiva. Sin embargo, considero que los resultados de la aplicación del modelo económico capitalista resultarían altamente positivos ante las necesidades actuales de la sociedad venezolana.


Tenemos como ejemplo a Dubái, parte de los Emiratos Árabes Unidos. El Emirato comenzó su auge económico sacando provecho de sus escasos 24.000 barriles de petróleo diarios, los cuales eran su mayor fuente de ingresos. A partir de la venta del “oro negro”, Dubái desarrolló su economía hacia otros sectores, al punto en que, actualmente, el petróleo sólo representa menos del 6% del ingreso anual del emirato. Ahora, la capital de Dubái posee el único hotel siete estrellas del mundo, el centro comercial más grande del mundo, islas artificiales y otras obras arquitectónicas que convierten a Dubái en uno de los destinos turísticos más lujosos y de mayor renombre en el planeta. Ellos, en palabras de Arturo Uslar Pietri, sembraron su petróleo y supieron aprovechar oportunidades. Venezuela actualmente posee las reservas petroleras más grandes del mundo; 295.600 millones de barriles, lo cual nos permitiría seguir el camino de Dubái, inclusive de una forma más masiva y radical. Convertir nuestras ciudades en potenciales lugares de inversión le daría un impulso importante a nuestra economía en distintos sectores, eventualmente convirtiéndonos en un estado no dependiente del petróleo.


Debo aclarar que yo no sueño con una Venezuela repleta de edificios exóticos, carros deportivos por las calles de Caracas, ni de records mundiales en arquitectura. Yo sueño con una Venezuela en donde la gente tenga empleos de calidad, donde sus ingresos tengan un valor real y que con ellos sean capaces de proveerles a sus familias una vida digna. Una Venezuela que no viva a la merced del petróleo. Yo sueño con una Venezuela donde ser exitoso no implique tener tu propio rancho y ser capaz de pagar las cuentas de luz y de agua; sueño con una Venezuela donde se aspire a ser grande, donde realmente se quiera progresar, donde se pueda progresar.
Por Andrea Black Brening

¿Por qué no quiero saber de la política de mi país?

 Como cualquier venezolana nacida en los años noventa, crecí privada de saber lo que sucedía a mi alrededor sobre asuntos políticos. Inconscientemente escuchaba la radio que sintonizaban mis papás y parecían hablar unos señores con voces molestas sobre inseguridad, expropiaciones e injusticias, veía Globovisión con mi abuela, escuchaba las conversaciones de tíos, vecinos, y todos ejercían caras de preocupación mientras discutían, de nuevo, de política. Pero eso nunca pareció importarme, estaba ilusamente feliz durante mis años de niñez. 

Crecí despreocupada de ese mundo de bombas lacrimógenas, cierres de canales de televisiones, disparos, corrupciones y más. Jamás pensé que todo aquello que siempre considere tan lejano y ajeno a mi voluntad, se convertiría en algo que me impediría vivir plenamente como una adolescente de cualquier otro país. Pero ahora, a mis 14 años de edad, aún me siento incapacitada a la hora de involucrarme con temas y acciones de política.

Y me siento terriblemente mal al decir que no quiero involucrarme en los asuntos y campañas de mi país, pero si tengo que hablar sobre estos temas, digo mi opinión y admito que no sé mucho del asunto. Aunque eso no me detiene de leer artículos, ver uno que otro programa de noticias nacionales, pero es algo que realmente no es de mi interés. Siento que hay un montón de cosas que puedo aportar a mi país, y no precisamente mediante esto.

¿Y por qué no deseo involucrarme? Porque siento que no tengo nada que aportar a la causa, no me siento en la capacidad, ni con la voluntad de cambiar mi país mediante el ámbito político. Creo que cada persona encuentra alguna aptitud donde puede desenvolverse, interesarse, investigar, involucrarse, moverse y dar lo mejor de sí, pero por ahora, sé que la política no es, para mi, esa
aptitud.
Por Elisa Soto

Una oportunidad



Yo soy una estudiante italiana a la cual se le presentó la oportunidad de participar en un intercambio en Venezuela.
También se me presento la oportunidad de escribir sobre la educación  venezolana.
Antes de venir a Venezuela, pensaba, que un país como Venezuela, con una riqueza como lo es el petróleo y también de otros minerales, todos en un mismo lugar, por ejemplo en el estado Bolívar poseen muchos minerales. Con estas facilidades las cuales no existen en muchos países debería haber una calidad de vida mucho más alta de la que hay. Me parece que no han sabido administrar sus riquezas y utilizarlas de un modo productivo.
Según todos los economistas, Venezuela tiene todavía en el 2012, un 48% de pobreza. Entonces se refleja la mala organización del gobierno, la educación también está siendo afectada por los problemas económicos que se presentan en el país.
El nivel de educación influye muchísimo con el estado de pobreza; porque los niños, los futuros adultos del país, gobernarán y estarán al mando de todas las actividades importantes para mantener en movimiento la economía de Venezuela… A ellos se les enseña solo a sobrevivir, me refiero con esto a que solo se preocupan por crecer, alimentarse, tener un pequeño techo donde estar pero no se preocupan en muchos casos por progresar, por tener una educación una formación rígida en estudios avanzados, sacar un título de bachillerato y no conformarse solo con eso sino ir a la universidad y tener una carrera que les dé un futuro prometedor.
La diferencia entre un país desarrollado y subdesarrollado depende de la capacidad de su ciudadanos de mejorar la situación del país aplicando técnicas de progreso en las instituciones tanto públicas como privadas de educación. Empezando en los colegios ya que esta es la primera fuente de educación que existe y aquí motivarlos a seguir en el mundo de la educación.
En mi opinión no deberían existir colegio privados, sus tasas son extremadamente costosas y no accesibles para todos.
¡La educación no se debe negar a nadie!
Cuando se subdivididle los en colegio público y los privado y se pone tasas costosas a los colegio privados, ¿qué está haciendo secundo ustedes? Seguramente se está limitando la educación  a una elite porque esto claramente no favorece a las familias con debilidad económica.
Se debería incrementar el número de horas y fortalecer el programa escolar, para que toda la población aprenda que el estudio no es solo un título que orgullece a las familias, sino un bagaje de cultura que sirve para toda la vida.
En los colegios, se necesita más respecto y disciplina.
 Con las futuras generaciones, en todo el mundo se ha perdido mucho la enseñanza del respecto; si se enseñan los valores como honestad y honor, seguramente se limitará los fenómenos de criminalidad en los joven.
Es también muy importante ecualizar las personas.
¡Todavía en Venezuela hay muchas clasificaciones sociales!
Es importante que un estudiante se sientas bien involucrado en la sociedad como en el sistema escolar. Es de importancia vital dar la posibilidad a todos los ciudadanos estudiar afuera del país para conocer otra circunstancia y poder confiar en los subsidios del gobierno para continuar los estudios con la carrera universitaria elegida.
Con este ensayo no intento descalificar el sistema escolar venezolano, mi intento es abrir la mente a todos las personas que enseñan, a todos los órganos nacionales e internacionales de que la educación y los valores son la base de una sociedad de un país.
Por Michela Iacobucci 

Cuéntale a tus hijos... para que se rían


El año era 1936 y el uso de la novedosa y popular sustancia llamada “marihuana” estaba ocurriendo en muchas de las escuelas de los Estados Unidos, en vista de esto un grupo religioso (aunque muchos creen que fue el mismo ejército de los Estados Unidos) creó la extraña obra cinematográfica llamada “Tell your children” que traducida al español significa “Cuéntale a tus hijos”, el propósito de esta película no era el de entretener sino mas bien el de educar a los padres sobre los efectos de esta sustancia y asustar a los jóvenes consumidores de ésta.
La historia que rodea a esta película es muy interesante ya que fue lanzada al mercado en el año 1936 como un filme de propaganda en contra de la marihuana y con este propósito recorrió muchas de las escuelas del país sin obtener mucho éxito. A pesar de esto, un director y productor llamado  Dwain Esper compró los derechos del filme y este desapareció de la luz pública por muchos anos.
Muchos años después en una década magnífica, los años 70, ocurrió un fenómeno en el cine llamado las películas de medianoche”, largometrajes que no alcanzaron el éxito comercial o que no podían ser exhibidos en horarios normales por su fuerte contenido…  se proyectaban a la medianoche en teatros muy específicos. Solo en un ambiente tan bizarro y curioso como este, la obra de “Tell your children” resurgiría con un nuevo título: “Reefer Madness”.
De forma extraña y misteriosa, una versión ligeramente reeditada del filme empezó a proyectarse en el horario de medianoche como una comedia, las increíblemente exageradas situaciones creadas para asustar a la audiencia de 1936 fueron vistas como extremadamente tontas eh hilarantes por la audiencia de 1970, una audiencia conformada principalmente por consumidores de la marihuana .
Lo que más me impresiona y encanta de la historia de esta película es que fue hecha con el propósito de asustar y disminuir a la población de consumidores, pero al final terminó llevándoles risas y placer.
Por Miguel Torrellas

Vergüenzas


Jamás he conocido una Venezuela diferente a lo que existe actualmente. Por mi edad, lo único que conozco, es el conflicto constante económico y político que abunda en el asfalto del territorio venezolano. Quizás por eso no me dedico a quejarme como lo hacen personas de edad superior a la mía, ya que al no conocer una Venezuela diferente a la existe estoy realmente acostumbrada a los problemas diarios que afronta nuestra nación. Quedándome solamente con el contraste grotesco que enmarcamos con países exteriores, de los cuales me encargo de alabar sin que en ningún momento por mi mente se escabulla la grata imagen de Venezuela con esas cualidades, o sin sus defectos redundantes. Por que al final así es mi país, o al menos a mis ojos, siempre ha sido asi.

Cuando era pequeña, era inevitable sentir vergüenza de mi nacionalidad, vergüenza de ver como al cruzar mas allá de nuestras fronteras cercanas casi nadie sabia siquiera donde estaba Venezuela en el mapa. Para una niña no es fácil entender como otras personas no podían saber de donde venías, y mucho menos cuando fácilmente hubiese encontrado otro país en un mapamundi común. Me sentí insignificante mientras el tricolor primario perdía color ante mis ojos, a los cuales Venezuela era un país fascinante. Con casi todos los posibles climas, animales únicos, maravillas naturales y gente cálida. Era realmente maravilloso a las pupilas inocentes de una infante. Pero al crecer, todo cambia y conoces los recursos económicos que otros países soñarían con tener, y que teniendo solamente uno de éstos serían capaces de sustentarse. Ahí fue quizás donde fui perdiendo esa vergüenza, que hoy en día es sólo un recuerdo lamentable en mi niñez.

Ahora, siento quizás el doble de vergüenza que sentía en ese momento, pero esta vez hacia mí misma. Por haberme acostumbrado a todas las incomodidades que sufrimos a diario. Me acostumbré a la escasez, el desempleo, la inflación y principalmente la ineficiencia. Todo esto sonaría casi imposible para una persona extranjera. Para mí se ha vuelto una forma de vida ocultar y esquivar las dificultades que nos rodean día a día. Incluso me he vuelto tan conformista que muchas veces ni soy capaz de detectar una falla, por lo que creo que mi vergüenza hacia mí misma es válida. Sólo me queda eliminar esta actitud, y hacer lo posible por que Venezuela deje de ser la que conozco y he conocido toda mi vida.



Por Daniela Yapur

JUSTICIA SOCIAL Y PROGRESO


(extracto textual y esencial)

¿Qué significa el progreso de un país?

El progreso es significa toda aquella acción o movimiento orientado al desarrollo de un país todos los aspectos que tienen relación con el desarrollo económico y social,  la cultural, el ámbito  político y  mejoramiento de educación. De tal forma, que  el progreso promueve el mejoramiento de la vida de todos los que conforman el colectivo.

Pero quizá el elemento que hace que haya progreso no tiene solo relación con los planes o proyectos,  tiene que ver con la forma en que nos involucramos con esos proyectos o mejor en la forma en cómo somos involucrados en ellos. Si bien es cierto, que existen innumerables documentos donde  sea recuerdan los derechos humanos, los derechos del niño y la eliminación de toda forma de discriminación, también es cierto que es necesario hacer que sea practiquen en todas las políticas de desarrollo que se proponen los gobiernos. 
Se dice que el hombre sólo puede satisfacer plenamente sus necesidades y ambiciones en un orden social justo. Es necesario reflexionar que en nuestro país para que sea pueda asegurarse este derecho debe haber paz, seguridad y la posibilidad de que todos podamos tener acceso a mejorar y alcanzar una vida segura con la garantía de  tener educación, salud, vivienda. 
Hay que reducir la diferencia en las oportunidades y promover la participación de todos los miembros de la sociedad en los proyectos para  mejorar  de los niveles de vida, en los cuales  se le de importancia a la educación y al empleo digno  como elementos que ayudan de manera trascendente  en el progreso y desarrollo económico y social del país, y donde está contenida la justicia.
Yo espero formar parte de ese progreso, espero formar parte de esos proyectos,  no solo como quien recibe sus beneficios sino como participante de la creación de los mismos. Creo que si cada venezolano formara parte de eso, las palabras justicia y progreso tuvieran hoy otro significado.  
Por Amanda Astorga

Discurso…


            La escritura es el arte más humano, más multiforme y definitivamente más libre que hay. La escritura nos puede llevar a viajar a lugares que sólo la imaginación puede tocar, a por fin saborear las glorias frustradas y a ser aquel que siempre hemos deseado ser. Es por eso que hoy adopto este medio, la escritura, para ponerme en los zapatos de un joven emprendedor venezolano, zapatos que, aseguro, nunca tendría el valor para llenar. Él es el rostro de la esperanza de millones de venezolanos. Hoy trato de ponerme en el lugar de Henrique, de descifrar cuál sería el discurso perfecto en un momento en que sus palabras serán insignes y recordadas, al menos durante los próximos 4 años.

8 de Octubre, 2012. 1:32 am
            Bienvenidos. Bienvenidos damas y caballeros. Bienvenidos ustedes, compatriotas. Bienvenidos los adversarios. Bienvenidos ciudadanos de los 24 estados. En esta madrugada victoriosa, bienvenida tú, Venezuela toda, al inicio de los nuevos tiempos.
            Hoy la democracia se vistió de tricolor y se hizo presente en vuestras voluntades. Voluntades que serán respetadas con todas las garantías durante esta gestión. Gestión que se caracterizará por ser gobernada por las autoridades junto con ustedes. Ustedes, quienes serán quienes darán y quitarán el poder. Poder que ya no es ilimitado e indestructible, sino controlado y justo. Justicia, la cual será la gran dama y señora de esta tierra. Justicia que será única, inquebrantable e incorruptible y que podrá llegar más lejos que cualquier otra cosa, porque un país con justicia verdadera e independiente, es un país con paz.
            Ya no predicaremos sobre el socialismo y el capitalismo, el imperio y la dictadura, las cadenas y el canto del Libertador. Venezuela toma un nuevo rumbo, y a partir de hoy, la historia será únicamente sobre nosotros y nuestras necesidades, nuestras soluciones y nuestros logros. Venezuela es independiente desde principios de 1800, pero gobiernos anteriores parecen haber olvidado esto al cederle nuestra soberanía médica y militar a Cuba, nuestra soberanía alimenticia a todos aquellos países que exportan alimentos al país, en vez de desarrollar nuestros propios campos agrarios. Le regalamos la soberanía sobre el Esequibo y sobre nuestra salida del Orinoco a Guyana. Hoy lo recuperaremos todo, Venezuela. Ya no más millones de dólares dedicados a regalos de cortesía a países vecinos; ahora la prioridad somos nosotros, tú, tú y tú; todos nosotros. El capital es de ustedes y para ustedes, para nuestro desarrollo.
            Este será la nación de la unidad; no de una mesa, ni de un partido, sino de su pueblo entero. No existirán distinciones por colores, ni por cultos, por sexo o por ideologías; todos formamos parte de la gran Venezuela.
            Prometo ser incansable en la meta de terminar todos los proyectos ya comenzados, y a elevar sustancialmente la calidad de los servicios de nuestro país. Le educación en Venezuela va a ser ejemplar en América Latina; seremos exportadores de líderes y expertos, jóvenes preparados para enfrentarse a un mundo competitivo y a ser exitosos en el intento. Garantizaremos que nuestras clínicas, hospitales y ambulatorios estarán abastecidas todos los días, todo el año, tanto de medicinas y tecnología como de doctores y enfermeras que puedan responder efectivamente a las necesidades de nuestros enfermos. No hay duda que la construcción de nuevos centros de salud es una necesidad imperante entre la sociedad venezolana. No creeremos en la mediocridad; la exigencia y la funcionalidad real serán características inconfundibles en todo lo que tenga sello de “Hecho en Venezuela”. Profesionales tan honorables como los médicos, profesores, policías, bomberos y funcionarios públicos serán remuneradas como deben; estas personas son pilares del país y por ende deberán vivir con dignidad y en la capacidad de sostener a sus familias. No menosprecio las demás profesiones, por el contrario, reconozco que cada empleo venezolano es fundamental y vital en algún área, y por ende forma parte de un equilibrio que debe ser respetado.
            En cuanto a la situación carcelaria, el plan es construir nuevos centros penitenciaros para así atacar el problema del hacinamiento. Es inconcebible pensar que nuestros presos viven en condiciones tan precarias e inhumanas como son aquellas a las que es sometida la población carcelaria venezolana actualmente. Pero ya no. Nuestras cárceles no serán sólo lugares de cumplimiento de tiempo de castigo, sino centros para la reinserción social de los reos.
            Nuestro gobierno pretende acabar con la economía mono-productora; invertiremos en nuestros agricultores y empresarios. Tenemos muchos años dependiendo únicamente del petróleo, y es hora de que nos diversifiquemos. El problema de la escasez la resolveremos nosotros con nuestros propios productos, eliminando leyes que representan obstáculos para la producción local. Es hora de que la prioridad no sea sólo un sector, sino que todos gocen de la atención y el apoyo que se merecen. Queremos ver como el sector privado y el público se unen en esfuerzos para lograr el desarrollo social y económico del país. Aquí sí reconocemos que expropiar es robar, y bajo ningún concepto permitiré que el gobierno sea autor de tales actos. Respetaremos la propiedad privada y colectiva, ya que sabemos que forma parte del patrimonio y del hogar.
            Venezuela será territorio de paz, donde las oportunidades laborales y educacionales les permitirán a los ciudadanos surgir como individuos capaces. La acción del hampa no será tolerada en nuestro sistema judicial; garantizaremos que todos los casos serán atendidos, señores, porque la inmunidad es el mayor peligro de un país que desea crecer. Este nuevo gobierno tiene como meta devolverle el derecho al ciudadano común de transitar las calles de su pueblo y su ciudad con tranquilidad. Basta de atracos, de secuestros y de muerte. Las madres no seguirán enterrando a sus hijos, o por lo menos no mientras yo esté en este cargo. La inseguridad es el enemigo principal de nuestro país, y será combatido en todo momento, pues cada venezolano que caiga víctima de la violencia, es una muerte que recae en mis hombros y mi conciencia. No permitiremos que nuestro paisaje se ensucie con la reputación de tener una de las 5 ciudades más peligrosas del mundo. Ya la sangre no correrá por nuestros barrios. Les devolveré su país, mis hermanos. Les doy mi palabra.
            La Guardia Nacional volverá a ser independiente, sin bandos políticos, y servirá al pueblo venezolano, no a un mandatario.  
            Estoy consciente de que muchísimos de ustedes han perdido su venezolanidad, su amor a la patria, su deseo de estar aquí y de luchar por un país y un futuro mejor, pero denme tiempo, denme tiempo y la oportunidad de cambiar la situación, para que se vuelvan a enamorar del país más hermoso, con la gente más feliz y echada pa’ lante, con la biodiversidad más significativa del continente Americano y con los recursos necesarios para progresar y garantizarle a todos los ciudadanos, una calidad de vida digna. A todos aquellos venezolanos que hacen vida en otros países, los invito a regresar, a formar parte de este proceso de cambio positivo, a que se bañen una vez más con la felicidad de estar en casa. Esto somos nosotros, una tierra de oportunidades. No quiero sonar iluso, pero realmente creo que con el potencial de nuestra gente seremos capaces de llegar a lugares inimaginables.
            Mi promesa a ustedes es muy simple; a aquellos que hoy creyeron en mí, no dejaré que se arrepientan de vuestra decisión; a aquellos que creyeron en mí sólo porque no creían en mi adversario, les demostraré que no soy “el menos malo”, sino el correcto. A aquellos que confiaron en las mismas promesas de hace 14 años, les enseñaré lo que es vivir en un país que realmente funciona. Y por último, a aquellos que simplemente no creyeron en el poder de su propia voluntad, hoy los invito a ver el nacimiento de la nueva Venezuela, y a que sean partícipes de la unión extraordinaria que tendrá lugar en los próximos meses, aquí, en esta misma tierra. Hay un camino, mis amigos, que nos va a llevar a ser lo mejor que podemos ser, y hoy dimos el primer paso sobre él. Mi nombre es Henrique Capriles Radonski, y sólo puedo describir esta emoción que siento por haber sido electo con una palabra; indescriptible.
Gracias.
Por Andrea Black

Nada


Nada es un libro lleno de desigualdad, en su historia un grupo de jóvenes comenzarán a conocer la realidad de la vida, llegarán con el paso del tiempo a un realidad nunca imaginada, se someterán a diferentes pruebas que los llevarán al límite, con el fin único de demostrar el valor y el sentido de la misma vida.
Se puede apreciar al mismo momento, en Nada, que existe una realidad menos infantil de lo que aparenta realmente el comienzo  del libro, se encuentran en la transición del libro una secuencia de hechos, en las cuales irán subiendo de nivel los hechos, hasta llegar al sadismo y  a lo macabro.
La ingenuidad de los personajes principales de la historia se verá opacada por el descubrimiento del sentido de la razón de la vida y el significado que se representa en cada uno de de los objetos entregados por ellos.
Una de las cosas de mayor relevancia en el mismo libro son las creencias que pueden tener un grupo de jóvenes en entregar objetos de gran significado para  ellos, con el fin de demostrar el valor de un objeto que al fin y al cabo perderá su valor en el futuro y desarrollo del libro.
Nada es un libro que lleva al lector a un mundo de poco sentido, en donde una realidad opaca a otra, en donde la nada se  puede presentar con más valor que un grupo de objetos, en donde el sentido de la vida se pierde por representar a la nada.
Tal vez la vida no tenga sentido, o sí, pero cada uno es capaz de llevarla como quiera.
Por Iván Torres

Nouvelle Vague



o   El cine, desde su creación, había adoptado en una serie de normas que se aplicaban con severa rigidez, que reducían la obra cinematográfica a la facilidad de un estilo fijo y predecible.

El tamaño de los planos debía presentarse en una escala de mayor a menor, la conversaciones entre los personajes debían rodarse mediante el eje de las miradas del uno a otro, la cámara quieta o en movimiento debía situarse en un trípode, instalado a su vez en un carrito, que se deslizaba suavemente por la escena y los sets eran hechos a grandes escalas en estudios. Todo cineasta de la época debía seguir estos lineamentos para la realización de un film.
Pero a mediados de los años 50 alrededor de toda Francia se creo una marea extraña que planeaba acabar con los estándares básicos del cine. Era una ola que amenazaba con destruir todo lo establecido, buscaba la renovación de la cinemateca francesa, que le permitiría al espectador contemplar el cine de una manera totalmente diferente y renovadora. Este movimiento, esta ola, estaba formada por un grupo de jóvenes franceses que decidieron denominarla Nouvelle Vague, el movimiento mediante el cual se buscó la renovación de mundo cinematográfico.
Los primeros pasos del movimiento comenzaron cuando estos jóvenes escritores expresaron sus ideas en la prestigiosa y aclamada revista «Cahiers du Cinéma ó Cuadernos de cine», una revista que sirvió como portavoz a esos que buscaban crear un cine diferente, abierto, libre de los formalismos, lejos de lo producido y comercial. En ella se lograba leer los pensamientos y críticas de cinéfilos naturales, cuyos conocimientos en la cultura cinematográfica fueron aprendidos en diversas escuelas de cine, entre ellas, la cinemateca francesa.
Es cierto que el cine de la época estaba rígido por una rutina monótona, que a pesar de no imponer nada diferente, seguía siendo clásico, y bajo este género nacieron las obras maestras más épicas y hermosas. Jamás olvidaremos Casablanca, Psicosis, Ciudadano Kane, Tiempos modernos, entre otras más. Pero antes de La Nouvelle Vague, existió otro movimiento cinematográfico que sirvió de influencia a la nueva ola, este fue el neorrealismo italiano. Se caracterizaba por ser sincero, retrataba la vida cotidiana, las películas eran rodadas en las calles y lugares abiertos. Los actores no eran famosos y utilizaban la improvisación en muchos casos.
La nueva Ola propuso el uso de escenarios naturales en vez de los estudios, la búsqueda de la espontaneidad en los actores, dando rienda suelta a la improvisación. Como técnicas y herramientas usadas, se adentraron en el uso del travelling, el zoom y las panorámicas, además de la grabación con la cámara en el hombro del director, lo que hoy es conocido como «Cine de autor». Puesto que es el director el protagonista de su obra, mas no el productor.
Los jóvenes de la Ola Francesa tenían su propia filosofía donde consideraban el cine como una especie de autoconocimiento. Realmente consideraban su trabajo como arte y se devotaban completamente a este. Por lo que en sus películas aparecen claras referencias personales. Uno de los mejores ejemplos es el caso del director, François Truffaut, con su largometraje «Les quatre cents coups »(Los cuatrocientos golpes- 1959), una película autobiográfica que demuestra la soledad de un adolescente que no es querido por su familia, especialmente por su madre, tal como fue el caso del director en su niñez, convirtiéndose en uno de los primeros largometrajes representativos de la nueva ola francesa.
No sólo existía Truffaut, existían una lista de directores que juntos, fueron pioneros de la Nouvelle Vague, mi preferido es Jean Luc Godard. La obra de Jean Luc Godard recibió el adjetivo de God-Art (Arte de Dios) por parte de sus seguidores ante las grandes cualidades de su cine. El cine de Godard es en sí la representación más clara de la modernización en el arte cinematográfico. El franco-suizo fue sin duda el cineasta más atrevido e irreverente de la Nueva Ola, junto con Jacques Rivette. Ya que estos estaban dispuestos a la hora de buscar continuamente nuevas maneras de hacer cine, tanto en cuestiones de experimentación narrativa como en cuestiones técnicas.
 Godard fue un firme defensor de la cámara portátil. Él logró crear un género propio que caracterizaba sus películas, una identificación que sólo pocos directores logran. Quizás era la sublimidad de sus películas, la iluminación, sus musas, la banda sonora, los planos, que lo puestearon como uno de los directores más exitosos. Las películas de Godard contaban con la participación de artistas magníficos del momento como Jean Seberg, Anna Karina, Brigitte Bardot, Jean-Paul Belmondo, entre otros. Puedo decir que Gordard fue uno de los directores que pudo retratar a La Nouvelle Vague en su mayor esplendor.
Fueron Gorard y muchos más que con la originalidad que imponían a través de sus películas lograron que la ola francesa marcara para siempre un nuevo cine francés que iba a predominar y a enamorar a muchos y que agregaría un cambio en el séptimo arte a nivel mundial.

Por Elisa Soto

TE INVITO A LEER LOS JUEGOS DEL HAMBRE



Se trata de un mundo postapocalíptico en Norteamérica, que se llama Panem y se divide en 13 distritos, pero el distrito 13 es destruido y un Capitolio los maneja. Cada año se hace un concurso televisado en el que se tienen que matar mutuamente los participantes hasta que quede uno. Cada distrito tiene que enviar un joven (niño o niña) entre la edad de 12 a 18 años. El ganador será recompensado y conocido ante todo Panem. Este concurso se llama Los Juegos del Hambre, para escoger los niños, y a estos niños escogidos se llaman tributos. Se hace en un día muy especial llamado cosecha y los niños se escogen al azar de dos boles lleno de nombres, uno de niñas y otro de niños.
Una niña de 16 años que vive en el distrito 12, Katniss Everdeen, lucha diariamente para conseguir comida para su madre y hermana para que no tengan hambre, ya que su padre falleció en un accidente minero. Ella se hace voluntaria para la 74a edición de los Juegos del Hambre, cuando el nombre de su hermana sale del bol. Ahora se tiene que aliar con un compañero de clase para sobrevivir hasta el final y con una niña del distrito 11, que la ayudó a curarse cuando la picaron unas travespulas (avispas modificadas por el capitolio para alucinar hasta llegar a matar a las personas cuando las pican) pero están contra los demás tributos de los otros distritos y la sala de controles del Juego, que harán lo que sea para que se entretenga el Juego que se verá por todo Panem.




Por Nicole Karam